miércoles, 9 de julio de 2014
martes, 24 de junio de 2014
Diferente
Mírame.
Habla.
Mírame de reojo.
Sonríe.
Gesticula.
Ríe.
Date la vuelta.
Muérdete las uñas.
Los labios.
Hazlo.
No importa cómo.
Ni cuánto.
Ni dónde.
Sólo hazlo.
Pero hazlo con cuidado.
Hazlo sin querer.
Sin avisar.
Hazlo diferente.
Qué sentimental, qué ñoño. ¿Por qué? No lo sé. Es lo que quiero. Es lo que hecho de menos. Que alguien haga algo por ti y lo haga de una manera diferente a como lo hizo por los demás.
sábado, 14 de junio de 2014
¿Qué se siente cuando te agarran, te sostienen, te amarran, te sujetan, te acarician, te abrazan, te envuelven, te oprimen contra el filo de su piel solo con los ojos?
Hace tanto, tanto tiempo que nadie me mira como si quisiera comernos a mí y al mundo que ya no recuerdo cómo es esa sensación. Esa sensación de que una mirada te mordisquee, te saboree, te tiente y te haga pecar con bocados pequeñitos, para saborearlo todo más, mejor y durante más tiempo.
Esa sensación de una sonrisa que ruega a tu boca que copie el gesto, que pide en silencio que te quedes, que le abraces, que le mires a los ojos y le dejes nadar en tus pupilas. De no estar nunca lo suficientemente cerca. De no tener nunca lo suficiente, de no ser capaz de saciarte aunque sientas que vas a explotar.
Estoy flotando.
Unas pestañas que titubean y esconden una mirada cómplice. Unas manos frías y suaves que se deslizan por tu espalda con una fluidez y firmeza sobrenaturales. El susurro de una carcajada a quemarropa en la nuca. Quédate.
Compartir secretos. ¿Hace cuánto no desvelas un secreto sin miedo? Estoy aquí, todo irá bien.
¿Dónde estás? Hace frío y el verano acecha. El calor infernal se cuela por cualquier rendija y mi piel sigue en guardia. Las yemas de mis dedos llevan dos años sin entrar en calor. Aquí ya no queda nadie.
Cuanto veo a mi alrededor hace que mi piel se torne verde. Sonríen. Sonríe, y podría ser la culpable de esa sonrisa. ¿Qué hice mal? ¿No hice nada bien? Las opiniones de los demás sobran cuando estás segura de que lo que haces está bien. ¿Pero y ahora qué? El miedo me consume. Siento frío y el verano acecha.
El tiempo hiere e infecta cuando ni siquiera tú misma eres buena compañía. No te acerques, te hundirás conmigo. Ayúdame. Grita, araña, suplica que te deje salir de ese hueco rebosante de nada.
El hielo te cercena la lengua. Tu corazón duele cuando late. Para, no quiero sentir. Las agujas heladas atraviesan tu cuerpo. Moverte es un tormento, pero quedarte quieta es una muerte segura.
¿Cuánto tiempo llevo aquí? Abrázame...
La nada fría, áspera y densa desafía las leyes de la termodinámica y asciende sobre tu cabeza. Te encierra. ¿Hay alguien allá arriba? Todo parece tan lejano y etéreo... El frío me hace daño, rasga mi piel y me deshace en regueros de color escarlata. Tengo el cuerpo tan entumecido que no siento la férrea calidez de la sangre.
Sácame de aquí.
domingo, 11 de mayo de 2014
Madurar, aprender, cambiar, evolucionar.
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Desde siempre me han dicho que no se debe mirar atrás, que no podemos detenernos y que tenemos que seguir hacia delante, con la vista fija en el futuro. Y se equivocaban. Joder que si se equivocaban.
No me he dado cuenta de su error -y del mío por hacerles caso a ciegas-, hasta que empecé a parecerme a una mariposa encerrada en un tarro de cristal. Chocaba una y otra vez con sus paredes sin darme cuenta de que lo que tenía que hacer era volar hacia arriba, no hacia delante.
Es necesario descansar, coger fuerzas y, sobre todo, meditar. Meditar sobre lo que has hecho, cuándo, por qué y cómo. No lo estaba haciendo mal, pero tampoco bien.
Esto tiene que cambiar. Esto va a cambiar y empiezo desde ya. En este momento, estoy empezando a alzar el vuelo después de una pequeña pausa. Ahora sé cómo salir del tarro de cristal y sé qué tengo que hacer cuando llegue al exterior.
No tengo que planificarlo ni calcularlo todo. No voy a forzar ni a buscar nada. Ya basta de hacer arder Troya por los demás y no hacer nada por mí. Ya basta de anteponer el bien del resto al mío propio. Es hora de establecer un equilibrio. Pero primero yo, y luego el resto. Nadie me va a dar nada hecho. Si quiero algo, tendré que ser yo la que vaya a por ello con paso firme. Ya basta de perder el tiempo. Ya basta de no tratar como se merece a las personas que, pese a todo, están ahí.
Se acabó permitir que mi vida gire en torno a los actos de los demás. Es hora de tomar las riendas, de desplegar las alas, y poner rumbo hacia donde yo quiera llegar. Y de disfrutar del camino con los que se lo merecen, no con los que solo están de pasada.
jueves, 1 de mayo de 2014
Aire.
Soñé por un momento que era aire.
Aire que hacía volar los mechones de su pelo, como si de un embrujo se tratase. Aire que se arremolinaba en su nariz, que viajaba por el valle de su boca y se aventuraba hacia los confines de su cuello. Aire osado que desafiaba la fuerza de su espalda, que la recorría de Norte a Sur y le hacía estremecerse. Aire pusilánime que se refugia entre sus brazos y descansa sobre su pecho. Aire dichoso por contornear cada milímetro de su piel. Aire pesaroso por no poder fundirse en su fuego, como si fuese de cera.
Y entonces desperté.
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