sábado, 30 de enero de 2016

Chiara Bautista
Siento verdadera envidia de la gente que es capaz de querer sin herirse. Os lo juro por lo que queráis, no sé hacerlo.
Me he prometido a mí misma tantas, tantísimas veces que iba a cambiar, que ya no confío en mi fuerza de voluntad. Cada "Podría llegar a querer a esta persona" es una premonición de que me van a hacer daño. De que me voy a hacer daño.

domingo, 3 de enero de 2016

Bajo la nube gris

    Las personas tristes solemos ser tóxicas e indeseables. Nadie quiere estar con alguien que pasa de un estado anímico normal, o incluso de extrema felicidad, a la tristeza absoluta en cuestión de horas. A veces unos minutos bastan para que el nubarrón oculte el sol.

    No siempre se desencadena una tormenta. A veces simplemente el cielo se oscurece. A veces sólo quieres estar a solas y en silencio, que todo se desvanezca unos instantes, unas horas, unos días. 

    Otras veces llueve. Con mayor o menor intensidad, pero llueve. Llueve y te hundes, y te duele. Te duele porque no sabes dónde está el final de ese constante caer de agua. Rítmico y con un tempo irregular. Presto, larghissimo, moderato, adagio, andante, vivace y vuelta a empezar. Siempre en aleatorio. Nunca sabes qué viene después.

    Sin embargo, en ocasiones, se desatan tormentas. Las peores desembocan en ataques de ansiedad. ¿Sabéis lo que es vivir con miedo a uno? ¿Lo que es hacer planes y tener el "No dejes que te pase o lo arruinarás" en la cabeza? ¿El "Vamos, tienes que ir"? Respira. Coge aire. Suéltalo despacio. Ya está, estás bien. O no. No, no lo estás. Un relámpago quiebra el cielo. Vamos, controla la respiración. ¿Qué pasa? ¿Por qué me tiemblan las manos? Truena. Joder, cálmate. ¿Qué coño te pasa? No es para tanto, imbécil. El estruendo retumba en toda la ciudad. Me duele el pecho. Me ahogo. No puedo respirar. Me estoy mareando. El agua cae como si fuera plomo. La cabeza me va a estallar. Apenas oigo el sonido de mi respiración, irregular y pesada. La lluvia martillea el asfalto, las farolas, las persianas de mi ventana. Un zumbido, casi un pitido, satura mi cabeza. Me pesan los párpados, pero no es de sueño. Un mensaje a escasos minutos de la hora de salir: "Oye... Que no puedo ir".

    Las personas tristes no siempre lo estamos. Concretamente yo, he aprendido a lo largo de los años a esconderlo tras el velo del cansancio, de las excusas no demasiado trabajadas para que suenen a verdad. "Sólo tengo sueño, me he levantado muy pronto". "Al final estos no han salido". "Me he puesto mala". 

    Soy una persona que se ríe a carcajadas. Adoro el humor absurdo. Me encanta la gente que sabe de política y es capaz de hablarte de ella y enseñarte sin adoctrinar. Me apasiona la música y aquellos que le dan vida. No vas a verme triste casi nunca. No vas a verme llorar ni temblar de miedo. No te voy a preguntar por qué coño me pasa esto cuando la nube gris se pose sobre mis hombros. No me vas a ver agarrotada por el dolor. Soy alguien invadida por la tristeza, no por la estupidez.

    Y no me mientas, por favor. No me digas que no pasa nada, que voy a estar bien, que estarás ahí para animarme. No necesito una palmadita en la espalda, no necesito un "Cuando lloras te pones fea". Necesito normalidad, necesito reír, necesito que le pongan alas a las comisuras de mi boca sin fingir que no pasa nada. Necesito que tú y todos os limitéis a seguir a lo vuestro. No quiero miradas de reojo porque "Te veo muy callada, ¿te pasa algo?". No hace falta poner atención especial en las personas como yo. 

    Sólo necesitamos, sólo necesito, un abrazo porque sí para resguardarme de la lluvia. Seguiré oyendo tronar. La luz de los relámpagos seguirá encogiendo mis pupilas cuando los vea por encima de tu hombro. Seguiré temblando y respirando mal, pero la lluvia mojará menos.

    Las personas tristes no queremos que vosotros viváis bajo la nube gris. Necesitamos y queremos que viváis al lado por si acaso la tormenta descarga con fuerza. 



domingo, 13 de diciembre de 2015

Todos los caminos llevan a Roma

No. Sabéis que nunca fue cierto, pues "Caminante, son tus huellas el camino y nada más;[...]". Y el mío no me lleva a Roma, ni termina en Santiago.
Si todos los caminos llevan a Roma, de Roma se sale leyéndolo al revés, dejándose llevar, perdiéndose en sus calles, desdibujando los límites entre los sueños y la realidad.

El Camino no acaba en Santiago. Acaba en un lugar de paz infinita, de pacto entre el oleaje y el faro que corona el acantilado. De gaviotas sobrevolando el cielo, del olor del mar enredándosete en el pelo. 
Mi estrategia es que un día cualquiera,
no sé ni dónde ni con qué pretexto,
por fin me necesites.
                      ~Mario Benedetti.

Ni el camino acaba en Santiago, ni Finis Terre es un cabo. 

sábado, 7 de noviembre de 2015


Hoy era uno de esos días en los que tenía ganas de ponerme un vestido, unos tacones y salir con la sonrisa rojo mate.

Y no sé seguir escribiendo. Me he vuelto a bloquear. Otra vez. Una más. Hay algo en mí que se resquebraja primero y luego estalla cada vez que lo intento echar a patadas. A palabras. Joder. 

martes, 16 de junio de 2015

Segunda estrella a la derecha.

    Crecer es terminar el instituto y jurar que ese, el verano de tus 18, será el mejor de tu vida. Que no vas a pisar por casa. Que vas a viajar. A reírte hasta que te duela la barriga. A gritar hasta que se te funda la voz.

    Crecer es darte cuenta de que estabas equivocada y que ese no es El Verano. Es uno más de tantos que vienen, todos ellos llenos de cambios, de alegrías, de recuerdos bonitos, pero también de momentos para olvidar y de lágrimas de despedidas.

    Crecer es decir que vas a salir de bares hasta que salga el sol, que no habrá día que te quedes en casa, que vas a disfrutar de tu libertad por ti y por todo el que se apunte.

    Crecer es cuando pasas más noches de sábado bajo la luz del flexo de tu escritorio que bajo la del farol de la plaza. Cuando al "Vámonos de fiesta" le sigue un domingo de resaca y pasar apuntes a limpio.

    Cuando realmente crecemos es cuando los sueños de instituto pasan a ser un tierno recuerdo, una ilusión inmadura cargada de nostalgia y de "Ojalá mi mayor preocupación fuera lo larga que se me va a hacer la hora de filosofía". Crecer no es solo terminar la ESO, Bachillerato o cumplir 18. Crecer es cuando los monstruos dejan de esconderse en el hueco de la escalera, en las sombras del pasillo por la noche, bajo la cama o en tu armario y pasan a hospedarse dentro de nosotros. Crecer es una lucha constante con ellos y con nosotros mismos, es soñar con la cabeza y no con el corazón. 
    Es odiosamente triste haber perdido esa ilusión por cumplir 18 a poco más de dos meses de los 20. Ojalá existiera esa segunda estrella a la derecha, y todo recto hasta el amanecer. 

viernes, 10 de abril de 2015

Calma no está.

      Quise ser todo lo que querías tener y acabé siendo nada. Fue como si antes de ti no hubiera existido, como si no hubiera un yo sin ti.

       "¿Y si...?". "Y si..." nada. Antes de ti, el sol se volvió oscuro y gris. Y después... Después estoy yo, o lo que queda. Fuiste como un huracán en llamas que llegó, arrasó conmigo, me consumió y me redujo a cenizas, se llevó a estas y después desapareció. Que tras la tormenta dicen que llega Calma, pero no supo encontrar el camino y no sé nada de ella. 

        ¿Qué fue de ella? ¿La recuerdas? Escondida bajo la pérgola del jardín y atrapando hebras del sol de Agosto con los dedos, allí quieta incluso cuando los aspersores saltaban. O frente a la chimenea, huyendo de Enero a través de un libro. ¿Dónde está Calma? No, aquí no, no volvió.


Unos años después de escribir esto, me ha dado por revisarlo y compartirlo. ¿Disfrutad?

domingo, 22 de marzo de 2015

¿Qué importancia tiene ser poeta si no es a ti a quien dedico versos suicidas? Sin tu nombre en los márgenes de cada página. Sin tu mirada sonrojada al leer mis palabras. Sin romanticismo, porque dicen que lo maté.

Yo no me deshice de él, te lo prometo, solo está dormido y oculto. Hibernando, como la pólvora hasta que alguien prende la mecha. Entonces solo es cuestión de segundos que todo a su alrededor vuele por los aires.

El polvo que se convierte en destrucción. ¿Curioso, no? Algo tan insignificante, con tan solo rozarle con una chispa… Bum.

Luego es perfectamente cabal pensar que los corazones están hechos de pólvora. ¿Por qué no? Basta una chispa para detonar la carga. La razón sale despedida, hecha añicos. Las emociones se desperdigan por doquier, sin nada que las contenga, sin nada que las ordene. Libre albedrío para los celos, la preocupación, la felicidad, la necesidad de dar protección, la alegría. Una danza macabra de cambios repentinos de humor, orquestada por el compás de un corazón que, aunque ha explotado, late con más fuerza que nunca.


¿Y entonces qué importa ser poeta si todo esto no acaba enredado en versos para ti?

viernes, 6 de febrero de 2015

    No pide deseos a las estrellas fugaces de Agosto porque está endeudada hasta las pestañas, y tiene un cuaderno repleto de tachones que quisieron ser versos.

    Es un huracán que destroza ciudades y hace revolotear pajaritas de papel con delicada sutileza. Se olvida de Neruda en primavera y lo devora en Octubre.

    Lleva rojos los labios y azul hielo el corazón. No avisa cuando se avecina la tormenta ni cuando naufraga, pero hace sonar sus pasos sin necesidad de tacones. Es el deseo de sobrevivir a mil mareas, el clavo ardiendo que te suelta en plena caída y el suave tacto de un "No tengas miedo" al oído.

    Es tequila sin sal, whisky sin hielo y té sin limón. La pistola en la sien que juega a la ruleta rusa con tus ideas. La poesía sin rima ni medida que se adhiere a tu subconsciente.

    Ella es de las que te arañan los labios y te besan la espalda. Una causa perdida que se encuentra a sí misma vagando por un cementerio de historias, versos y palabras sueltas en el dorso de una libreta.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Mentir u ocultar: esa es la cuestión.

Existen tres tipos de personas. En un lado, están las que cuando mienten y les pillan, dicen la verdad. Por otro lado, las que mienten, les pillan y ocultan la verdad un tiempo hasta que o bien esta cae por su propio peso o acaban confesando. Por último, están las que mienten, les pillan y siguen mintiendo hasta que les vuelven a pillar. Porque todos sabemos que no es lo mismo ocultar una verdad que negarla y seguir mintiendo.

Todos mentimos. Todos. Todos, toditos, todos. En mayor o menor medida, pero todos.

Yo lo confieso: soy de las segundas. Mentir está feo y, cuando te pillan (porque siempre te pillan, que las mentiras tienen las patitas muy cortas y las verdades caen a plomo siempre, siempre, siempre), duele y avergüenza reconocerlo. Aún así, está mejor agachar las orejas a tiempo, tragarte el orgullo aunque cueste y llevarte un mal rato que mirar por encima del hombro al cazador que tiene acorralada a su presa y ser un idiota de por vida.

Aquí radica la diferencia entre Fényx  y Patri: la primera os habla -o escribe- y abre y despelleja su corazón y su mente para vosotros. La segunda, calla pero no siempre otorga. No os equivoquéis, ambas somos la misma persona y ambas mentimos y ocultamos, pero no de la misma manera.

Fényx oculta siempre la clave para descifrar el entramado de palabras que arroja sobre cada entrada. Oculta porque quien ha de tener esa llave, la tiene y lee entre líneas.

Patri calla. Calla y no siempre otorga, y a la vez habla, grita, patalea y no deja que nadie vea ni entienda, salvo quien sabe hacerlo.

No es que yo sea especial, no me malinterpretéis. Buscad la llave, intentad averiguar si os escribe Fényx o Patri y entended lo que os digo. Puedo ofreceros una pista, pero esto no tendría gracia si no la ocultase.

martes, 18 de noviembre de 2014

Creando: 19% completado.

La mejor manera de aprender quiénes somos es la soledad. 

Soledad, esa palabra que cae a plomo y con un golpe seco y sonoro sobre nuestro pecho. Esa enemiga y a la vez maestra de un corazón débil y de una mente frágil. Ella, que angustia y hiere hasta que las lágrimas nos desbordan y respirar duele, es la única capaz de enseñarnos que este camino no tiene como fin encontrarnos a nosotros mismos, sino crearnos.
Crearnos a nosotros, con nuestros miedos, nuestras dudas, nuestras inseguridades y nuestras penas. Con nuestro coraje, nuestras apuestas a todo o nada, nuestras ganas de luchar y de tirarlo todo por la borda. Nuestro afán por crecer, por evolucionar y por aprender, pero nunca por cambiar. Crearnos a nosotros, llenos de huecos, de recuerdos, de sueños, hechos de errores, de lecciones, de fracasos, de triunfos, de ilusiones y de metas. Crearnos a nosotros, con nuestra fealdad y nuestra belleza.

Crearnos y aprender que aquellas piezas que nos faltan en el rompecabezas que somos, no son sino los pequeños detalles, tanto buenos como malos, de cada experiencia vivida. Y la experiencia más chocante y que más nos puede completar es, lo creamos o no, la soledad.


sábado, 1 de noviembre de 2014

"¿Qué te pasa?"
Maldita pregunta. No lo sé. No lo entiendo. Yo estaba bien, ¿no? Lo estaba. Los estoy. Tengo que estarlo.

Apaga esa luz, me molesta.
¿Estás ahí? ¿Hay alguien? Escúchame. Necesito que me escuches. O mejor háblame. Haz que se callen y llena mi mente con tus palabras. 
Antes estabas. Ya no puedo oír tu respiración.
¿Quién eres? ¿Por qué te has ido?

Me molesta todo. Sólo quiero meterme en la cama y dormir. Dormir durante días, durante semanas. Pero no quiero estar aquí. Quiero salir y que el frío me abofetee la cara hasta que me despierte.

¿Qué coño me pasa? ¿Por qué estas ganas de nada?

"¿Qué quieres?" No lo sé. Quiero decir, lo sé pero en cuanto algo se cruza por mi camino, lo olvido. 

¿Qué cojones estoy diciendo? ¿Lo entiendes?

martes, 2 de septiembre de 2014

Incoherencias varias.

¿No te resulta frustrante cuando quieres, cuando necesitas hablar de algo sin parar y no encuentras las palabras? ¿Alguna vez has necesitado soltar lastre hasta quedarte completamente vacío?

No puedo. Yo no puedo porque me siento hueca. Porque cada maldita palabra crea eco en mi cabeza. Incluso la música hoy reverbera en mi interior. Cualquier sonido martillea mis huesos, de la cabeza a los pies. Me duele todo, tengo náuseas y no soy capaz de comer nada. No es resaca, pero me deja tan mal cuerpo o peor como si de ello se tratase.

El verano ya está redactando su discurso de despedida y sigo helada. Siento que no puedo avanzar y que, si lo hago, tengo que enfrentarme a un abismo de miedo y dudas.

Hoy he recibido una noticia terrible y otra que amenaza con tener una continuación igual de fatídica. Hoy me pregunto el por qué de todo. ¿Por qué el planeta no gira al revés? ¿Por qué nacemos lejos de la gente que creemos que necesitamos? ¿Por qué creemos que los necesitamos? ¿Por qué se acaba todo cuando creemos que iba bien? ¿Por qué el mundo, que tiene todo el tiempo para sí mismo, se empeña en caminar dando largas zancadas de gigante? 

Es como si todos tuvieran prisa por llegar a alguna parte y creo que me estoy quedando atrás. Creo que hace tiempo que me dedico a contemplar cómo los demás progresan, cómo siguen adelante y que, a veces, he querido cogerles la mano y seguir con ellos. Pero es como si nadie pudiera llevarme consigo, o como si no quisieran que tome su mano. Creo que llevo tiempo estancada en el mismo sitio, y soy incapaz de moverme.

No sé cómo terminar esta entrada. Tal vez debería continuar escribiendo hasta que salga algo de mi cabeza. Algo que no sea neblina, algo consistente y coherente. ¿Una decisión? Ni siquiera sé cuáles son las opciones. Sólo sé en quiénes pienso mientras plasmo estas palabras en una estúpida entrada de un blog que nadie lee. O igual si hay alguien perdiendo el tiempo con esta majadería. No tiene sentido, no trates de encontrarlo.

Mi cabeza va y viene. Se detiene en miradas, en gestos, en "Ojalá alguien me mirase a mí como os miráis vosotros". Retrocede y busca eso en mi vida. No lo encuentro. Sé que he mirado con esos ojos pero que mis pupilas no obtuvieron respuesta. Es estúpido añorar algo que nunca hemos tenido, ¿no? Soy estúpida. Soy estúpida y quiero hacer una locura. Por mí. Por alguien. ¿Pero para qué? Para nada. No es una locura factible. No puedo. No debo. No debería.

You know I'll fight my corner. Maybe tonight I'll call you, after my blood turns into alcohol. Oh, I just wanna hold you. Give a little time to me or burn this out. We'll play hide 'nd seek to turn this 'round. All I want is the taste that your lips allow.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Lately I've been wakin' up alone.

El verano sigue. El verano amenaza con terminarse. Y no hace calor.

El sol no cae a plomo sobre la calle como otros años y hay algo dentro de mí que se remueve inquieto.

Algo con anatomía humana. Algo de cuerpo menudo y raquítico, con la cabeza ovalada y apenas cubierta por unas finas y largas hebras de cabello lacio. La piel mortecina y blanca deja ver venas negruzcas por todo su cuerpo, sobre todo en las manos. Esas manos esqueléticas de dedos alargados y puntiagudos coronados por unas uñas sucias y afiladas. Unas uñas con las que se clava a las paredes de mi cuerpo y se mueve por todo mi interior a su antojo.

Es algo que apenas tiene el tamaño de mi puño pero que vapulea mis órganos cuando le viene en gana. Le encanta anudarme el estómago. Adora arañarme el corazón hasta que sangra y a veces clava las uñas en mi tráquea hasta que me duele respirar. Suele golpearme insistentemente la cabeza hasta que me mareo y pierdo el equilibrio.

No le gusta que me estremezca si no es por el frío o por el llanto. No permite que me ría sin llenarme la cabeza de neblina y recuerdos amargos.

Hay algo dentro de mí que me odia y que quiere acabar conmigo. Algo que se alimenta de mi dolor y de mi melancolía. Algo que cobra fuerza cuando lo que hay a mi alrededor me ahoga. Que se regodea en mis noches de insomnio.

El verano sigue y yo aún tengo frío. Hace mucho que no siento calor y no dejo de tiritar. 

jueves, 10 de julio de 2014

Recuerdos

- ¿Qué pasa, amore?
- Nada.
Mi sonrisa no parecía tranquilizarle. Él me miraba con el semblante serio, pero con una leve sonrisa en los labios.
La tarde, en verdad, era espléndida: el Sol desparramaba su luz sobre Valladolid y las nubes no se atrevían a cubrir el cielo. Ni frío, ni calor... y, entre sus brazos, todo se veía aún mejor.
Miré al cielo una vez más, intentando ahogar la angustia que se apoderaba de mí por momentos, y evité su mirada. Jack me sostuvo la barbilla con los dedos y me hizo mirarle de frente. Forcé una sonrisa, intentando tranquilizarle, pero era inútil; ambos sabíamos que, en cosa de dos horas, nuestro pequeño mundo se empezaría a desvanecer a medida que el tren se alejara de la estación.



Jamás podría haber imaginado que aquel estado de tambaleante y frágil felicidad sería tan vaporoso. O quizás era consciente y simplemente me negaba a aceptar la realidad. Sea como fuere, a día de hoy aquello es mi mayor acierto y uno de mis peores errores. Y no me arrepiento de nada.


A mi yo de 25 años

Si donde vives no hay mar, estás haciendo algo mal.

martes, 8 de julio de 2014

martes, 24 de junio de 2014

Diferente

Mírame.

Sonríe. 

Gesticula. 

Habla.

Ríe.

Date la vuelta.

Mírame de reojo.

Muérdete las uñas.

Los labios. 


Hazlo.

No importa cómo.

Ni cuánto.

Ni dónde.

Sólo hazlo.

Pero hazlo con cuidado.

Hazlo sin querer.

Sin avisar.

Hazlo diferente.






Qué sentimental, qué ñoño. ¿Por qué? No lo sé. Es lo que quiero. Es lo que hecho de menos. Que alguien haga algo por ti y lo haga de una manera diferente a como lo hizo por los demás.

sábado, 14 de junio de 2014

¿Qué se siente cuando te agarran, te sostienen, te amarran, te sujetan, te acarician, te abrazan, te envuelven, te oprimen contra el filo de su piel solo con los ojos?

Hace tanto, tanto tiempo que nadie me mira como si quisiera comernos a mí y al mundo que ya no recuerdo cómo es esa sensación. Esa sensación de que una mirada te mordisquee, te saboree, te tiente y te haga pecar con bocados pequeñitos, para saborearlo todo más, mejor y durante más tiempo. 

Esa sensación de una sonrisa que ruega a tu boca que copie el gesto, que pide en silencio que te quedes, que le abraces, que le mires a los ojos y le dejes nadar en tus pupilas. De no estar nunca lo suficientemente cerca. De no tener nunca lo suficiente, de no ser capaz de saciarte aunque sientas que vas a explotar.
Estoy flotando. 
Unas pestañas que titubean y esconden una mirada cómplice. Unas manos frías y suaves que se deslizan por tu espalda con una fluidez y firmeza sobrenaturales. El susurro de una carcajada a quemarropa en la nuca. Quédate.

Compartir secretos. ¿Hace cuánto no desvelas un secreto sin miedo? Estoy aquí, todo irá bien. 

¿Dónde estás? Hace frío y el verano acecha. El calor infernal se cuela por cualquier rendija y mi piel sigue en guardia. Las yemas de mis dedos llevan dos años sin entrar en calor. Aquí ya no queda nadie.

Cuanto veo a mi alrededor hace que mi piel se torne verde. Sonríen. Sonríe, y podría ser la culpable de esa sonrisa. ¿Qué hice mal? ¿No hice nada bien? Las opiniones de los demás sobran cuando estás segura de que lo que haces está bien. ¿Pero y ahora qué? El miedo me consume. Siento frío y el verano acecha. 

El tiempo hiere e infecta cuando ni siquiera tú misma eres buena compañía. No te acerques, te hundirás conmigo. Ayúdame. Grita, araña, suplica que te deje salir de ese hueco rebosante de nada. 

El hielo te cercena la lengua. Tu corazón duele cuando late. Para, no quiero sentir. Las agujas heladas atraviesan tu cuerpo. Moverte es un tormento, pero quedarte quieta es una muerte segura. 
¿Cuánto tiempo llevo aquí? Abrázame...
La nada fría, áspera y densa desafía las leyes de la termodinámica y asciende sobre tu cabeza. Te encierra. ¿Hay alguien allá arriba? Todo parece tan lejano y etéreo... El frío me hace daño, rasga mi piel y me deshace en regueros de color escarlata. Tengo el cuerpo tan entumecido que no siento la férrea calidez de la sangre.
Sácame de aquí.

domingo, 11 de mayo de 2014

Madurar, aprender, cambiar, evolucionar.


Desde siempre me han dicho que no se debe mirar atrás, que no podemos detenernos y que tenemos que seguir hacia delante, con la vista fija en el futuro. Y se equivocaban. Joder que si se equivocaban.


No me he dado cuenta de su error -y del mío por hacerles caso a ciegas-, hasta que empecé a parecerme a una mariposa encerrada en un tarro de cristal. Chocaba una y otra vez con sus paredes sin darme cuenta de que lo que tenía que hacer era volar hacia arriba, no hacia delante.

Es necesario descansar, coger fuerzas y, sobre todo, meditar. Meditar sobre lo que has hecho, cuándo, por qué y cómo. No lo estaba haciendo mal, pero tampoco bien.

Esto tiene que cambiar. Esto va a cambiar y empiezo desde ya. En este momento, estoy empezando a alzar el vuelo después de una pequeña pausa.  Ahora sé cómo salir del tarro de cristal y sé qué tengo que hacer cuando llegue al exterior.

No tengo que planificarlo ni calcularlo todo. No voy a forzar ni a buscar nada. Ya basta de hacer arder Troya por los demás y no hacer nada por mí. Ya basta de anteponer el bien del resto al mío propio. Es hora de establecer un equilibrio. Pero primero yo, y luego el resto. Nadie me va a dar nada hecho. Si quiero algo, tendré que ser yo la que vaya a por ello con paso firme. Ya basta de perder el tiempo. Ya basta de no tratar como se merece a las personas que, pese a todo, están ahí.

Se acabó permitir que mi vida gire en torno a los actos de los demás. Es hora de tomar las riendas, de desplegar las alas, y poner rumbo hacia donde yo quiera llegar. Y de disfrutar del camino con los que se lo merecen, no con los que solo están de pasada.